Ella creyó
Por
Janet Broling¡Una ruta de viaje no tradicional, una cita divina y una cosecha!
¡Qué tiempos tan turbulentos vivimos! Es seguro decir que todos tenemos historias que contar: historias de vida y pérdida, de agitación y triunfo, de contratiempos y avances. ¿Pero qué pasaría si nuestro quebrantamiento no fuera el final de la historia?
¡Qué tiempos tan turbulentos vivimos! Se puede decir sin temor a equivocarse que todos tenemos historias que contar: historias de vida y pérdida, de agitación y triunfo, de reveses y avances. Las tormentas de la vida se presentan de muchas formas, y pocos de nosotros quedamos indemnes. Cuando estas tormentas son especialmente severas y nos dejan destrozados, puede resultar difícil confiar en que las cosas volverán a estar en equilibrio o completas.
Pero, ¿y si nuestro quebrantamiento no fuera el final de la historia?
El arte japonés del Kintsugi, que significa «carpintería dorada», ofrece una imagen impresionante de restauración. Cuando una pieza de cerámica muy apreciada se rompe, en lugar de desecharla, el Kintsugi la recupera reparando cuidadosamente las fracturas con laca mezclada con polvo de oro. Las grietas no se ocultan, sino que se resaltan, transformando el recipiente roto en algo aún más bello y valioso que antes.

En esencia, el kintsugi abraza una filosofía llamada wabi-sabi: la apreciación de la imperfección y la impermanencia. Enseña que las cicatrices no son algo de lo que avergonzarse, sino más bien una parte de nuestra historia, que marcan los lugares donde la curación nos ha hecho más fuertes. Nuestras heridas no nos definen, nos refinan.
¡ Qué impresionante imagen de redención, sanación y recuperación!
Para aquellos que atraviesan pruebas difíciles y sienten que su vida se ha fracturado sin posibilidad de reparación, rezo para que puedan experimentar el toque del Maestro del Kintsugi donde más lo necesiten y tantas veces como lo necesiten.
El Señor se especializa en sacar belleza de las cenizas. Toma nuestros pedazos rotos y los hace enteros, no borrando las cicatrices, sino entretejiéndolos en Su obra maestra de gracia. Como declara Isaías 61:3, Dios nos da «una corona de belleza en lugar de cenizas, aceite de alegría en lugar de luto, y un manto de alabanza en lugar de espíritu de desesperación».
Que hoy recuerdes que tu quebrantamiento no es irreparable. Estás siendo restaurado, pieza por pieza, en algo aún más hermoso que antes: un roble de justicia para mostrar Su esplendor.
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Por
Marion MacKenzie PyleCualquiera que interactúe con los medios hoy en día no puede permitirse el lujo de subestimar la preparación necesaria para aumentar sus posibilidades de promover hábilmente su misión, mensaje y marca. Siga estos cinco consejos para clavar su próxima entrevista, evitar errores costosos y brillar como un profesional.